Adolfo Rojas Silva

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El Teniente Adolfo Marcial Rojas Silva, héroe del Fortín Sorpresa, nació en Asunción (Paraguay), el 22 de febrero de 1906, hijo de Liberato Marcial Rojas, Presidente de la República del Paraguay durante los años 1911-1912 y de Susana Dolores Silva.

Hizo sus primeras letras en el Colegio San José ingresando en el mismo en el año 1911, A la caída de su padre en 1912, la familia se trasladó a Buenos Aires y luego a Montevideo en donde continuó sus estudios en los Colegios Salesianos.

En el año 1922, muerto don Liberato, la familia retorna al Paraguay llegando a Asunción para el bautismo de fuego de Adolfo pues el mismo tuvo la oportunidad de participar de la defensa de la Capital contra el ataque de los chirifistas dirigidos por Brizuela, Al final de esta acción guerrera Rojas Silva ingresa a al Escuela Militar de la cual egresa como Tte. 2do. el 6 de febrero de 1926, según Decreto Nº 22.933.

Su primer destino como oficial fue en Concepción, al norte del país, donde tuvo como misión específica tender las primeras líneas telegráficas en los Fortines del interior del Chaco, pues en el Uruguay se había aficionado a la radiotelegrafía y poseía conocimientos especializados en el tema.

Se le dieron instrucciones específicas, pues la situación internacional y las relaciones con Bolivia eran sumamente delicadas. En carta del Tte. Rojas Silva a su hermano Hermógenes del 29 de enero de 1927, le dice "Sobre mi ida al Chaco, te diré que no estoy descontento. Voy como Comandante de dos fortines, en el lugar en el que más está pisoteada nuestra soberanía nacional y con prerrogativas que hasta ahora no se le había dado a ningún otro oficial que ha ido a los fortines"

Apenas recibido de su sector tuvo noticias de que "cuatreros" andaban merodeando al suroeste. Sospechando que fueran bolivianos espías, organizó un largo patrullaje. Esta patrulla lo condujo a encontrar el nuevo Fortín Sorpresa de los bolivianos en pleno territorio paraguayo. Allí encontró la muerte en circunstancias generalmente relatadas mal.

Las fuentes mas serias al respecto son las declaraciones del Vice Sargento 1º Pedro Candado, natural de Concepción, la del Soldado Fermín González y la de Remigio Argüello, quienes en resumen manifiestan:

Rojas Silva salió en busca de las cuatreras con 18 hombres en dirección al río Confuso. A los tres días su guía indio le señaló la presencia de los bolivianos, decidiéndose a explorar el sitio con dos hombres más. El Tte. Rojas Silva en su exploración encuentra a la mayoría de los hombres de la guarnición boliviana bañándose en el río, les obligó a quedarse allí desnudos bajo la vigilancia de uno de sus hombres.

A continuación con los otros dos soldados llegó a la casa del Fortín, sorprendiendo a su comandantë: el Cap. Antonio González. Hubo un fuerte cambio de palabras, Luego la situación fue suavizándose y el oficial boliviano ofreció a Rojas Silva cerveza. "Estas son cosas que arreglarán los diplomáticos", le dijo, "Nosotros somos militares y cumplimos con nuestras órdenes, tanto yo como usted"

La conversación continuó más amistosa y cuando Rojas Silva quiso volver, era ya muy tarde. Fue invitado a "pasar la noche", y, cansado él como así también sus hombres aceptó. Al estar profundamente dormidos sus hombres fueron desarmados por los bolivianos quienes requirieron instrucciones en el Fortín Esteros los que les ordenaron retener a los paraguayos,

A la madrugada del día siguiente Rojas Silva despertó a sus hombres y requirió los caballos para partir. Avisado el Cap. González vino a interferirle diciéndole que no podría retirarse pues tenía orden de retenerlo.

Rojas Silva se enfureció y preguntó: -¿En calidad de qué?, -De prisionero, repuso González, -Eso nunca, contestó Rojas Silva, me voy ahora mismo, me voy, me voy, me voy.

Y dándose vuelta gritó a sus soldados: Síganme muchachos.

Mientras Rojas Silva se dirigía a la parte exterior del Fortín, el Cap. González dio a gritos una serie de órdenes para que le impidieran la huída. Los soldados González y Chaparro fueron tomados por los bolivianos, Argüello y Rojas Silva continuaron corriendo durante un kilómetro hacia unos matorrales cercanos. En el camino de salida un boliviano quiso detener a Rojas Silva pero éste lo hirió con su propia arma. Era el Sargento Tejerina.

La persecución no se hizo esperar. Primero, los soldados a caballo pasaron por el pajonal que ocultó a Argüello y Rojas Silva, pero luego la patrulla de infantería se dirigió directamente hacia ellos. Entonces Rojas Silva intentó usar en defensa su revólver fallándole todos los tiros con lo que dió la oportunidad que la patrulla boliviana lo rematara con varios disparos, uno de ellos en el cráneo.

Era el 25 de febrero de 1927. Adolfo Marcial Rojas Silva acababa de cumplir 21 años en pleno campo de batalla al servicio de la Patria.

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