Batalla de Mbororé

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La batalla de Mbororé (11 de marzo de 1641) fue un encuentro bélico entre los guaraníes que habitaban las Misiones Jesuíticas y los bandeirantes, exploradores y aventureros portugueses cuyo centro de acción estaba en San Pablo (São Paulo), en las cercanías del cerro Mbororé, hoy municipio de Panambí, provincia de Misiones, Argentina.


Tabla de contenidos

[editar] Antecedentes históricos

[editar] Necesidad de esclavos e inicio de las bandeiras

A comienzos del siglo XVII los holandeses llegan a las costas del actual Brasil con la firme intención de instalarse y de ocupar posesiones en ellas. Para ello, y mediante actos de piratería logran controlar la navegación sobre la costa del Atlántico, perturbando seriamente el tráfico de esclavos. Esto significó un duro golpe económico para el imperio portugués que necesitaba de la mano de obra esclava para continuar con el desarrollo productivo azucarero y ganadero que predominaba sobre el litoral atlántico brasileño. Es entonces cuando los aborígenes caen en la mira de los hacendados y fazendeiros portugueses como potenciales esclavos.

Además, debido a las escasas cantidades de plata, oro y piedras preciosas encontradas en la región de Piratininga, grupos de exploradores comenzaron avanzar hacia el interior desconocido del Brasil.

Estos grupos de exploración y caza de esclavos, denominado bandeiras estaban organizadas y dirigidas como una empresa comercial por los sectores dirigentes de San Pablo, y sus filas se integraban con mamelucos (mestizos de portugueses e indígena), aborígenes tupíes y aventureros extranjeros (sobre todo holandeses) que llegaban a las costas del Brasil a probar fortuna.

En su avance hacia el occidente las bandeiras cruzaron el nunca precisado límite del Tratado de Tordesillas, penetrando repetidas veces con sus incursiones en territorios de la corona española. Indirectamente, los bandeirantes paulistas se convirtieron en la vanguardia de la expansión territorial portuguesa hacia los territorios hispánicos.

[editar] Primeros ataques a las Misiones Jesuíticas

Artículo principal: Historia de las misiones jesuíticas del Guayrá, Itatín, Tapé, Paraná, Uruguay y Guaycurú

Por la Real Cédula de 1608 se ordenaba al gobernador de Asunción del Paraguay, Hernando Arias de Saavedra (Hernandarias) que los jesuitas se dirigieran las regiones del Paraná, del Guayrá y a la región de los guaycurúes. Su misión era la de fundar pueblos y evangelizar a los aborígenes que habitaban dichas regiones. Posteriormente se añadirían los pueblos de Itatín (al norte de Asunción) y del Tapé (en el estado de Río Grande del Sur, Brasil).

Los jesuitas se hallaban en plena labor evangelizadora cuando los bandeirantes comenzaron a llegar a la zona oriental del Guayrá. En un primer momento, éstos respetaron a los aborígenes reducidos en pueblos por los jesuitas y no los capturaban. Sin embargo, los guaraníes, concentrados en pueblos y diestros en diversos oficios, representaban una mano de obra especializada altamente competente para portugueses. Mucho más aún cuando se hallaban indefensos y desarmados ya que por decreto real estaba vedado a los aborígenes el manejo de armas de fuego.

Desde 1620 las incursiones de las bandeiras se hacía cada vez más agresiva, lo que obligó al abandono o reubicación de algunos pueblos.

Entre los años 1628 y 1631 los bandeirantes Raposo Tavares, Manuel Preto y Antonio Pires con sus huestes, azotaron periódicamente las reducciones del Guayrá, cautivando miles de guaraníes que luego eran subastados en San Pablo. Se calcula que en las incursiones de los años 1628-1629 habían capturado a unos 5.000 guaraníes, de los cuáles sólo llegaron a San Pablo unos 1.200. La gran mayoría de los aborígenes moría en el traslado debido a los malos tratos propinados por los esclavistas.

Hacia el año 1632 se produce el éxodo masivo de 12.000 guaraníes y los jesuitas hacia el sur, dejando la región del Guayrá prácticamente desierta. Se refundan las reducciones de San Ignacio Miní y Loreto.

Los bandeirantes continuaron hacia el occidente, atacando las reducciones de Itatín en el año 1632. Luego siguió el Tapé, invadido durante los años 1636, 1637 y 1638 por sucesivas bandeiras dirigidas por Raposo Tavares, Andrés Fernández y Fernando Dias País.

[editar] Las Misiones Jesuíticas se protegen

[editar] Misión de Montoya frente a la Corona española

En el año 1638 los Padres Antonio Ruiz de Montoya y Francisco Díaz Taño viajaron a España con el objetivo de dar cuenta al rey Felipe IV de lo que ocurría en las misiones. Su intención era conseguir que el rey levantara la restricción del manejo de armas por parte de los aborígenes.

Las recomendaciones de Montoya fueron aceptadas por el Rey y el Consejo de Indias, expidiéndose varias Cédulas Reales, despachándoselas a América para su cumplimiento.

Por la Real Cédula del 12 de mayo de 1640 se permitía que los guaraníes tomaran armas de fuego para su defensa, pero siempre que así lo dispusiera previamente el Virrey del Perú. Por este motivo Montoya partió hacia Lima, con la objeto de continuar allí las gestiones referidas a la provisión de armas.

Por su parte, el Padre Taño viaja a Roma para informar al Vaticano de la caza de esclavos en las misiones a fin de obtener una protección papal.

[editar] El encuentro en Apóstoles de Caazapaguazú

Mientras tanto y ante el peligro inminente de que los bandeirantes cruzaran el río Uruguay, el Padre Provincial Diego de Boroa, con la anuencia del Gobernador de Asunción y de la Real Audiencia de Chuquisaca, decidió que las tropas misioneras utilizaran armas de fuego y recibieran instrucción militar. Desde Buenos Aires se enviaron once españoles para organizar a las fuerzas de defensa.

A fines de 1638 el Padre Diego de Alfaro cruza el río Uruguay con un buen número de guaraníes armados y adiestrados militarmente con la intención de recuperar indígenas y eventualmente enfrentar a los bandeirantes que merodeaban por la región.

Luego de algunos encuentro esporádicos con las fuerzas paulistas, a las tropas del Padre Alfaro se le sumaron mil quinientos guaraníes que venían dirigidos por el Padre Romero. Se formó entonces un ejército de 4.000 misioneros que avanzó hasta la arrasada reducción de Apóstoles de Caazapaguazú donde los bandeirantes se hallaban atrincherados después de varias derrotas parciales.

El choque armado constituyó la primera victoria decisiva de las huestes guaraníes sobre los paulistas, los cuales luego de rendirse huyeron precipitadamente.

[editar] Los paulistas preparan su contraataque

Desechas las fuerzas bandeirantes luego del encuentro en los campos de Caazapaguazú, éstos regresaron a San Pablo para informar a las autoridades de lo ocurrido.

Coincidentemente, para esa fecha (mediados del año 1640), llega al Rio de Janeiro el Padre Taño procedente de Madrid y Roma. Traía en su poder Cédulas Reales y Bulas pontificias que condenaban severamente a las bandeiras y al tráfico de aborígenes.

Ambos hechos produjeron una violenta reacción en la Cámara Municipal de San Pablo, la que, de común acuerdo con los fazendados, expulsó de la ciudad a los jesuitas.

Se organizó una enorme bandeira con 450 holandeses y portugueses armados con fusiles y arcabuces, 700 canoas y 2.700 tupíes armados con flechas, comandada por Manuel Pires. El objetivo de la expedición era tomar y destruir todo lo que se encontrara en los ríos Uruguay y Paraná, tomando todos los esclavos posibles.

[editar] El encuentro en Mbororé

[editar] Se anuncia la batalla

A fines de 1640 los jesuitas tuvieron evidencias de una nueva incursión de bandeirantes más numerosa que las anteriores. Para ello se constituyó un ejército de 4.200 guaraníes, armados con arcos y flechas, hondas y piedras, macanas y garrotes, alfanjes y rodelas, y 300 arcabuces, además de un centenar de balsas armadas con mosquetes y cubiertas. Recibieron instrucción militar de ex militares, los Hermanos Juan Cárdenas, Antonio Bernal y Domingo Torres. La operación estaba dirigida por el Padre Romero.

El Ejército Guaraní se organizó en compañías comandadas por capitanes. El capitán general fue un renombrado cacique del pueblo de Concepción, Don Nicolás Ñeenguirú. Le seguían en el mando los capitanes Don Ignacio Abiarú, cacique de la reducción de Nuestra Señora de la Asunción del Acaraguá, Don Francisco Mbayroba, cacique de la reducción de San Nicolás, y el cacique Arazay, del pueblo de San Javier.

La reducción de la Asunción del Acaraguá, ubicada sobre la orilla derecha del río Uruguay, en una loma cercana a la desembocadura del arroyo Acaraguá, es trasladada y reubicada por precaución río abajo, cerca de la desembocadura del arroyo Mbororé en el río Uruguay. De ese modo la reducción quedó convertida en centro de operaciones y en el cuartel general del ejército guaraní misionero.

Las características del terrero y el recodo que forma el arroyo Mbororé hacían de este sitio un lugar ideal para la defensa.

Al mismo tiempo se destacaron espías y guardias por los territorios adyacentes y se establecía una retaguardia en Acarágua.

[editar] La bandeira avanza

Las fuerzas bandeirantes al mando de Manuel Pires y Jerónimo Pedrozo de Barros partieron de San Pablo en septiembre de 1640.

Luego de establecer diversos campamentos y parapetarse en varios puntos del recorrido, una partida llega al Acaraguá, donde encuentran la reducción completamente abandonada. Sitio que eligieron para levantar empalizadas y fortificarlo a fin de utilizarlo como base de operaciones.

Posteriormente se repliega para avisar al resto de la bandeira de la seguridad del asentamiento.

[editar] La batalla

Una crecida del río Uruguay en enero de 1641 trajo consigo una gran cantidad de canoas y mucha flechería. Lo cual dio una idea a los jesuitas de la cercanía del enemigo.

Además, luego de que el grupo explorador paulista se replegara del Acaraguá, varios guaraníes que habían logrado escapar de los esclavistas dieron con los jesuitas a quienes informaron del número y armamento de los bandeirantes.

Entonces una pequeña partida misionera se estableció nuevamente en el Acaraguá en misión de observación y centinela. El 25 de febrero de 1641 parten ocho canoas río arriba en misión de reconocimiento. A pocas horas de navegar, se encuentran cara a cara con la bandeira que venía bajando con la corriente del río con sus trescientas canoas y balsas pertrechadas. Inmediatamente seis canoas bandeirante comienzan a perseguir a los misioneros, los cuales se repliegan rápidamente hacia el Acaraguá. Al llegar, los guaraníes recibieron refuerzos y las canoas bandeirantes debieron replegarse.

Mientras tanto un grupo de misioneros partió velozmente a informar a los jesuitas del cuartel de Mbororé de la situación río arriba.

Al amanecer del día siguiente, doscientos cincuenta guaraníes, distribuidos en treinta canoas y dirigidos por el cacique Ignacio Abiarú se enfrentaron a más de cien canoas bandeirantes, logrando que éstos debieran replegarse.

Alejados los paulistas, los guaraníes procedieron a destruir todo aquello que pudiera servir de abastecimiento en Acaraguá y se replegaron hacia Mbororé. Por las características geográficas de este sitio, era el ideal para enfrentar a los portugueses, ya que los obligaba a una batalla frontal.

Efectivamente, al llegar la bandeira a Aracaguá el 11 de marzo de 1641 no encontró nada de provecho y se dirigió rumbo a Mbororé. Unas 300 canoas y balsas avanzaron río abajo.

Sesenta canoas con cincuenta y siete arcabuces y mosquetes, comandadas por el capitán Ignacio Abiarú, los esperaban en el arroyo Mbororé. En tierra, miles de guaraníes respaldaban a las canoas con arcabuces, arcos y flechas, hondas, alfanjes y garrotes.

El choque armado fue rápidamente favorable a los guaraníes. Un grupo de bandeirantes logró ganar tierra y se replegó hacia Acaraguá, donde levantaron una empalizada.

Durante los días 12, 13, 14 y 15 de marzo los misioneros bombardearon continuamente la fortificación con cañones, arcabuces y mosquetes, tanto desde posiciones terrestres como fluviales, sin arriesgar un ataque directo. Sabían que los portugueses carecían de alimentos y agua, por lo que se prefirió una guerra de desgaste. Además, varios tupíes comenzaron a desertar y unirse a las tropas misioneras, facilitando información sobre el enemigo.

El 16 de marzo los bandeirantes enviaron a los jesuitas una carta donde solicitaban la rendición. Dicha carta fue rota por los guaraníes. Los portugueses intentaron huir del asedio guaraní remontando en sus balsas y canoas el río Uruguay. Sin embargo, en la desembocadura del río Tabay los esperaba un contingente de 2.000 guaraníes armados.

Ante esta situación, los portugueses decidieron retroceder hacia el Acaraguá para ganar la margen derecha del río y así poder escapar de los guaraníes. Sin embargo son perseguidos por los jesuitas hasta perder gran cantidad de hombres.

Del contingente inicial que salió de San Pablo, sólo lograron volver unos cuantos.

[editar] Consecuencias

Las principales consecuencias inmediatas de la batalla de Mbororé fueron:

  • Consolidación territorial de las Misiones Jesuíticas.
  • Freno al ataque bandeirante a las Misiones Jesuíticas.
  • Obtención del permiso real a los jesuitas para formar sus propias milicias. Lo cual otorgaba una mayor autonomía a las misiones. Tiempo después, esto será motivo para la expulsión de los jesuitas de América.
  • Asegurar la paz y prosperidad de las misiones, las cuales se desarrollaran durante otros cien años hasta la expulsión de los jesuitas en 1768.
  • Freno, temporal, al expansionismo portugués sobre los territorios de la Corona española.

[editar] Bibliografía

Félix Luna: Conflictos y Armonías En La Historia Argentina

Colección "Herencia Misionera" (Diario El Territoro).

[editar] Enlaces externos

Página Oficial del Gobierno de la Provincia de Misiones

Ley provincial por la cual se declara el 11 de marzo, día conmemorativo de la Batalla de Mbororé

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